¿Cuánto pesa una pluma?

“Kuri era uno de los pocos habitantes de la pequeña región de Kamú. En invierno, los días se oscurecían temprano y los negros  pensamientos  de Kuri amanecían con el ocaso.

No lo soporto más ”, susurraba mientras emprendía el camino hacia el monasterio. Rencor, Rabia,  Culpa  e Ira lo acompañaban desde hacía mucho tiempo, como inseparables compañeros de viaje.

-¿Qué te preocupa?, le preguntó el monje cuando Kuri le pidió ayuda.

-Últimamente me siento muy cansado. Pienso mucho, sobre todo en el pasado.

El monje comprendió al instante lo que le sucedía. Rebuscó en los cajones del escritorio y le tendió una antigua pluma de tintero.

-¿Cuánto crees que pesa esta pluma?, le preguntó.

Kuri meditó por un momento.

-2 gramos, arriesgó.

Entonces el monje le pidió que, así como estaba con su brazo extendido, sostuviera la pluma un rato más, mientras él iba a buscar el libro que indicaba su peso exacto. Le explicó que, a su vuelta, podría cambiar la respuesta si lo consideraba necesario. Kuri, aunque no comprendía qué le podría hacer cambiar de idea, no objetó frase alguna, simplemente movió la cabeza afirmativamente.

Después de cinco minutos, Kuri pensaba que mantendría su respuesta o, bueno, quizá añadiera un gramo más. Pasados veinte, el brazo le dolía considerablemente.

Cuando el monje volvió después de media hora, Kuri estaba a punto de rendirse. “No puedo más”, susurraba.

El monje se sentó frente a él y, tras hacer un gesto para que descansara, le preguntó de nuevo:

-¿Cuánto crees que pesa esta pluma?

Kuri estaba confundido.

-Al principio, creí que no pesaba apenas. Unos tres gramos. Pasado un rato, su peso pareció triplicarse y, antes de que llegaras, se me antojaba como un trozo de plomo.

-Querido Kuri,  las  emociones negativas  son como esta pluma: si sólo las experimentantas y las sueltas, no pesan prácticamente nada.  En cambio, si las sostienes durante mucho tiempo, acabas por sentirlas como una losa sobre tu corazón.

Kuri recorrió el camino de regreso a paso rápido, ligero como una pluma… O bastante menos.

Precisamente cuando redacte este relato había estado pensativo, en mi cabeza muchas cosas dando vueltas, como una tómbola de lotería. He aprendido que las preocupaciones y emociones negativas son perjudiciales para nuestra salud mental y física si permitimos que nos invadan durante demasiado tiempo. Uno no tiene por qué seguir soportándolos. Aunque se trata de evitarlos siempre estarán esperándote, los problemas acechan a cada rato, superar rencores, olvidar viejas ofensas. Permítete soltar todo lo que te pese y recupera la energía necesaria para ser feliz. ¡Te lo mereces! Cada vez que me sentiré así, recodaré este relato y si lo olvido volveré a leerlo para tenerlo presente y estar motivo siempre.